Soy un ángel sin amor, mamá para mí lo era todo

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Soy un ángel sin amor. Posiblemente me has visto, de seguro en tu camino me has encontrado.  Caminé cerca de ti y mi presencia no notaste, pero no es tu culpa. Para la gente, solo soy un chico como cualquier otro que camina de regreso a casa con su mochila al hombro.  Soy un ángel sin amor pero no siempre fue así, ¿sabes?  Yo recuerdo que de pequeño recibía muchos abrazos, muchos besos, mucho cariño. Una mujer muy bella estaba siempre junto a mí acariciándome con mil sonrisas  y una cucharita con comida deliciosa. Recuerdo su nombre, pero no lo quiero mencionar. Yo le llamaba mamá.

Ella tenía muchos nombres para mí, pero más que nada amaba oírla sonreír y cantar sus canciones porque  cantaba muy bonito, me hubiese gustado que la hubieras oído aunque sea un poquito. No me pidas a mí que cante, perdí mi canción también hace ya muchos días  y aun no la encuentro.

Vivíamos en un lugar con mucha luz que olía a limón, a canela, a pan quemado. Se escuchaba un tren que pasaba de vez en cuando asustándome con su ruido, pero mamá  sonreía y jalando de una cuerda imaginaria imitaba el sonido de un tren haciendo: “Chuuu chuuu” y me hacia reír porque su chú chú no sonaba para nada como el tren de verdad.

Un día me llevó de la mano a ver el tren cuando pasaba. Era mi primera vez frente a esa cosa enorme que mamá llamaba “tren”  y quedé impresionado. Tan grande, tan ruidoso, pintado con colores viejos y al pasar dejaba un olor muy feo, tan feo que me dolía el estomago.

Mamá quería que me sintiera feliz mirando el tren pero a mí me pareció que estábamos viendo a un monstruo que se había comido mucha gente. Aunque ellos no se veían tan tristes, sacaban sus manos por unas ventanas y nos saludaban sonriendo. Si a mí me come el tren, pensé, yo  no estuviera tan contento como ellos.

Soy un ángel sin amor. Mamá para mí era amor, mamá para mí lo era todo. Mi mañana, mi tarde, mi abrazo y mi beso de buenas noches. Lloré muchas veces, ya ni me acuerdo las razones, pero mamá siempre estaba ahí y eso me hacia olvidarme de las cosas que me hacían llorar.

Recuerdo un día cuando no salió el sol y todo olía muy bonito, a flores blancas  y tierra mojada. Mamá vino a mi cama y me dio un abrazo como todos los días, pero algo se sentía diferente. La sonrisa de mamá se había ido y no regresó jamás. Por más que ella intentaba traerla de regreso, no podía.

Yo estoy seguro que la sonrisa se escondía detrás del espejo, porque allí se sentaba ella por horas tal vez esperando a que saliera pero los ojos se le llenaban de lágrimas y terminaba llorando.  Yo lloraba junto con ella.

Muchos días después, mamá me llevó a vivir a casa de su hermana, mi tía, como yo le decía y allí todo era diferente. Me trataban bien pero en la casita no estaba mamá. Teníamos que caminar por muchas calles, bajar por unos escalones y esperar a que llegara el tren rojo, al cual me subía con mucho miedo.

Después cuando entendí que íbamos a visitar  a mamá, esperaba cada día con muchas ansias a subirme al tren rojo para ver de nuevo a mamá.

Tocamos una puerta y nos abrió una anciana vestida de blanco y aun recuerdo como con voz  cansada le decía a mi tía que yo no podría entrar a ver a Mamá porque era muy pequeño.

Ya tiene los cuatro años y se porta muy bien, le contesto tía y la anciana me dejó entrar diciendo cosas que no pude entender.

Mamá estaba sentada en una cama también blanca. El color de su rostro había cambiado. Su piel de chocolate se veía amarilla y parecía que sus ojos estaban hundidos. Ella sonrió, jugó conmigo, me preguntó si se oía el tren en la casa de tía.  Mamá se sentía diferente. Su sonrisa no había regresado y aunque sentía más fuerte su amor yo sabía que algo en ella estaba cambiando.

Hablaba con voz bajita que casi no podía oírla, sus abrazos eran más hermosos, pero sus brazos no me apretaban tan fuertes. Ese fue el primer día que lloré sin lagrimas y grite sin voz, sin palabras y sin que nadie viniese a consolarme.

Mamá me hablaba en esos días cuando la visitaba de muchas cosas raras que yo no entendía. Me hablaba de ser fuerte, de no llorar. De amar a tía tanto como amaba  a mamá, o mucho mas, eso decía ella. Me hablaba del cielo y lo que más me hacia llorar, por dentro, era cuando me decía que si algún día no la volvía a ver, nos encontraríamos de nuevo en el cielo.

Yo ya sabía que la gente que se va al cielo es la que se muere. Así le pasó a papi, de quien no me acuerdo. Solo sé que murió y vive en el cielo. Si voy a ver a mamá en el cielo, ella tiene que estar muerta y yo también. Yo no quiero que ella se vaya al cielo. Quiero que esté conmigo. Esas cosas pensaba, pero no quise decirle a mamá porque sentía muy feo en mi pecho. (Continúa abajo)

Quise decirle muchas cosas pero no encontraba las palabras para hacerlo. Solo podía decirle que la amaba abrazándola tan fuerte que nadie pudiera separarme de ella.

Algunas noches después, desperté sintiendo la mano de mamá que me acariciaba la cabeza. Abrí mis ojos pero en la oscuridad de mi cuarto no podía verla, pero sabía que era ella. Era la mamá de antes, la mamá que sonreía, la de la sonrisa bella. Mi corazón brincaba de felicidad. Cerré mis ojos y soñé que caminábamos juntos de nuevo a mirar el tren y parados en una hermosa colina, miré un tren muy bello que pasaba rápidamente.

Nunca más la volví a ver, nunca más sentí en mi cuerpo sus abrazos, no volví a comer de su mano, ni la escuche después cantando sus canciones. Solo sé que aquella noche mamá estuvo allí conmigo.

Han pasado ya mas de 10 años, y desde entonces siento un vacio en mi pecho y sé que mi corazón está llorando. Tía y la familia me han dado amor y mucho cariño, pero para mí, perdónenme, pero extraño mucho a mamá.

Mamá para mí fue, tanto, tantas cosas que de nuevo no encuentro las palabras para describir tanto amor, tanta belleza, tanta dulzura, tanta vida.

Una de las últimas veces que hablé con ella, recuerdo que me dijo que un día nos veríamos en el cielo.  Que seriamos como ángeles y que estaríamos juntos para siempre.

Yo quiero estar con ella y estoy listo. Soy un ángel, un ángel en la tierra sin el amor que le dio la vida. Sin ese amor sigo caminando, viviendo, esperando el momento a que me crezcan las alas para poder volar al lugar donde ella se encuentra.

En la escuela me dicen que  escribo cosas muy bonitas. No sé si sea verdad, pero desde que he podido, he tratado de llenar mi cabeza con las palabras suficientes para que no me falte ninguna de ellas y  poder decirle a mamá todo lo que siento el día que la vea.

Ayer al ponerme el uniforme escolar, me di cuenta que no me quedaba bien la camisa. Las alas están empezando a crecer…

Mamá, muy pronto iré a verte  y a quedarme contigo para siempre….

Te extrano mamá…

 

 

Escrita por H.A.C.

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