Pajarito estaba muerto pero su amigo insistió y le dio la vida. Nadie explica cómo

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Nosotros conocemos y entendemos la union que existe entre familiares y amigos cercanos, sabemos que si llegamos a necesitar algo podemos contar con cada uno de ellos.

Pero este apego y este apoyo no existe solo entre seres humanos, los animales por mas irracionales que los consideremos tambien son capaces de preocuparse y ocuparse de apoyarse entre ellos, si asi lo necesitan.

Y es que aunque tal vez no tengan una forma de comunicarse y entenderse totalmente como nosostros los humanos, basados solo en su insinto pueden saber si su cria o su compañero esta en problemas y hacen lo que creen necesario para ayudarlos.

Tal es el caso de este video que ha sorprendido a todos, en donde se puede ver a un pobre pajarito tirado, ya parece muerto. Pero con el esta un amiguito, otro pajarito que parece desesperado haciendo lo que sea con tal de revivirlo.

Increiblemente y de una forma que nadie puede explicar el pajarito que parecia ya muerto revive, se para en un instante y sale volando como si nada hubiera pasado.

Esto nos da una leccion de vida a nosotros los humanos, y es que no importa que tan dificil se vea la situacion, jamas debemos dejar solos a las personas que queremos.

Este cuento infantil narra una historia que nos hará comprender el valor de los amigos, y comienza… ¡ya!
Javier era un pequeño caracol al que su papá le había regalado un juguete, un precioso remolino. Como todas las tardes, llegaron sus amigos para jugar un rato antes de cenar, pero al pequeño Javier parecía que ese día le molestaban sus amigos. Quería jugar y quería el juguete solo para él.

Sus amigos le pidieron prestado el juguete y aunque en principio, les dijo que no, luego se lo pensó un poquito mejor y lo prestó por un minuto. Nada más pasaron los sesentas segundos, Javier ya quería su juguete, pero como sus amigos a lo habían pasado tan bien, le pidieron poder jugar los tres. Sin embargo, Javier el caracol no quería prestar su juguete y con ímpetu ser intentó quitar a su amigo el pequeño pajarillo. Durante el tira y afloja, se rompió el remolino y Javier insistía en que había sido culpa de sus amigos, así que se despidió de ellos y les dijo que no quería volver a verlos nunca más.

Sus amigos, la tortuga Esmeralda y el pajarillo Vicentín se quedaron muy parados al ver la reacción de Javier pero, decidieron construir un nuevo juguete para su amigo.
Cuando lo tuvieron terminado, fueron a casa de Javier con el regalo envuelto. Llamaron a la puerta y nada más salió el pequeño caracol le entregaron el regalo. Javier parecía contento, pero cuando vió el nuevo remolino remolino que habían hecho sus amigos con todas sus buenas intenciones, pero no tan bonito ni mucho menos como el que le había regalado su papá, enfureció y lo lanzó tan fuerte como pudo.

Esmeralda y Vicentín se quedaron muy parados y se fueron.
Al día siguiente, Esmeralda y Andrés, como se aburrían mucho y necesitaban jugar con su amigo Javier, decidieron volver a su casa. Mientras tanto, el pequeño caracol, jugaba con una pelotita, pero se aburría mucho. Sabía que necesitaba a sus dos amigos, pero su orgullo le hacía decir que no, que así estaba bien. Pronto los vio por el rabillo del ojo y entonces disimuló como si se lo estuviera pasando de maravilla, para darles envidia. Esmeralda y Vicentín se lo creyeron y no sabían cómo era posible que el pequeño caracol se divirtiera solo, sin ellos. Pensaron que ya no los quería.

Javier, en el fondo, lo estaba pasando muy mal, pero antes que ceder, pensó en buscar nuevos amigos. Al primero que encontró fue a un gato de doce años, mayor que él que sólo tenía seis. al preguntarle si quería ser su amigo, el gato se rió mucho y se fue porque no quería juntarse con pequeñajos, como dijo.
Y… es que es muy difícil encontrar buenos amigos, de los de verdad.
Siguió su camino y se detuvo en un bonito lago. Vió a un pececillo que se ofreció para ser su amigo. Comenzaron jugando a contar chistes. Se lo estaban pasando bien, pero Javier se despistó y cayó en un agujero de barro. El pequeño pececillo, que se llamaba Guzmán, nadó corriendo hasta el pueblo, aguas abajo y vió a Esmeralda y Vicentín, que rápidamente acudieron al rescate sin pensárselo dos veces. Vicentín el pajarillo, llamó a Anselmo, el elefante que metió su larga trompa en el agujero y por fín, Javier, pudo salir. Nada más ver a sus amigos, rompió a llorar y les prometió que nunca más se separaría de ellos.
¡Recuerda!, un buen amigo se parece a tu sombra, los dos están siempre contigo y nunca te abandonarán.

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