No dejes que nadie sea tan importante como para amargarte la vida

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Para que alguien pueda amargarnos la vida debe contar con nuestro permiso. Si no lo damos, no tendrán poder sobre nosotros,  porque somos los artífices de nuestra felicidad.

Solemos amargarnos la vida con mucha facilidad y por cosas que no valen la pena.

Es tan común que casi sin saber cómo, caemos en un abismo de apatía y malestar.

Debemos enfocar las cosas de otro modo y recordar que la amargura, es la incapacidad de ser feliz.

Antes de decirle a alguien “que lo único que haces es amargarme la vida”, toma calma para intuir si esa persona tiene algún tipo de problema como depresión.

Ahora bien, si lo que hay es la voluntad de hacer daño, hacer chantajes emocionales y controlar, entonces no lo permitas.

Nadie dejes que nadie sea tan importante como para robarte la felicidad a cambio de nada. Te sugerimos reflexiones sobre ello.

Queda prohibido amargarle la vida a los demás

A partir de ahora, debemos poner en práctica un nuevo propósito: queda prohibido amargarle la vida a nadie y menos que lo hagan con nosotros.

Debemos abrir nuestros paraguas emocionales para protegernos de los comentarios dañinos, de quienes apagan nuestros sueños.

Para lograr este propósito podemos seguir estas estrategias.

Te escucho, te entiendo, pero me cuido de ti

Como ya hemos señalado, a veces un comportamiento caracterizado por amargura o apatía pueden darnos pistas de una depresión encubierta.

Reaccionar con desinterés o rabia podría aumentar las emociones negativas de la otra persona.

Lo mejor es escuchar a quien siempre trae amarguras y enfrentar sus argumentos con calma y paciencia.

Si la persona necesita ayuda, dale estrategias y se dé cuenta de lo que ocurre en su interior.

Si lo que existe es una falta de empatía y respeto hacia nosotros, saca tu paraguas defensivo y pon distancia.

No se soluciona amargura con más amargura

Un reproche no se soluciona insultando. Los miedos no se van a apagar con miedos más grandes

Si una persona acostumbra a poner zancadillas a cada uno de tus sueños o ilusiones, no pongas peor la situación con rabia o con reacciones de hostilidad.

Debemos ser asertivos, pero también inteligentes. Muchas veces, no podemos cambiar la forma de ser de otras personas. Existen patrones de personalidad acostumbrados a ofender y menospreciar a los demás.

Consejos contra la amargura

Una forma de manejar los enfoques erróneos sería, aprender a amargarnos menos la vida. Para hacerlo, sigue estas sencillas estrategias:

No hay que quejarse tanto. En lugar de lamentar lo que no tenemos,  aprecia lo que tienes o soluciona aquello que te preocupa.

No “terribilices” tu vida. Nos decimos muchas veces “si me sacan del trabajo será terrible”, “si mi pareja me deja me moriré”.

Aunque no lo sepas, con muy poco eres feliz. Empieza apreciaando las cosas pequeñas que te envuelven.

Debes cuidar tu diálogo interno. En ocasiones, somos nuestros peores enemigos.

No le exijas nada a nadie, no esperes todo de los demás.

Ámate incondicionalmente y acepta a quienes te rodean por lo que son. Quiérelos con respeto.

Ríete frente al caos de quienes te rodean. Si alguien quiere amargarte la vida, respóndele con humor.