Madres tóxicas, como saber si vives con una

Incluso las relaciones más amenas entre madres e hijas tienen sus traspiés en el camino. Es imposible siempre estar en la misma página de aquella persona que te crio, especialmente mientras vas creciendo. Pero si los conflictos con tu madre parecen ir más allá de lo normal, hacia un área que solo te deja sintiéndote triste, sin esperanzas, o mal sobre ti mismo, entonces es posible que tengan una relación tóxica.

Una relación tóxica es aquella que se basa en la ira, manipulación emocional, y otros sentimientos negativos, en lugar de amor, apoyo y soporte mutuo. Podemos desarrollar relaciones tóxicas con cualquier persona en nuestras vidas, pero las relaciones tóxicas con las madres son especialmente comunes, y especialmente difíciles de manejar.

Después de todo, no puedes realmente desechar la madre que tienes y conseguir otra por internet. Y la culpa que nuestra sociedad pone sobre los hombros de los hijos de aquellos padres tóxicos puede ser motivación suficiente para hacerles callar y sufrir en silencio.

Algunos signos de las madres toxicas. 

  • Te brinda solo sentimientos negativos: lo que hagas siempre estará mal. Prefiere resaltar las cosas negativas, aunque las buenas sean mucho mayores que estas.
  • Te hace responsable de su felicidad: vive recordándote todo aquello a lo que tuvo que renunciar, o las cosas que no ha podido hacer después de dar a luz, o como ha quedado su cuerpo por culpa del embarazo. Entiende que por esto le debes algo, y debes pagarle haciéndola feliz, aunque esto implique tu infelicidad.
  • No respeta tus límites: no importa lo que quieras hacer o hasta donde quieras llegar. La palabra que vale únicamente es la de ella, y la de nadie más.
  • No soporta no ser el centro de atención: siempre busca llamar la atención de los que les rodean minimizando las cosas que tú haces y exaltando las que ella puede hacer. Si algo sabes aparentemente hacer bien, es porque lo aprendiste de ella.
  • Es cruel: no mide sus palabras o acciones a la hora de hablarte o tratarte, aun si se encuentran frente a otras personas.
  • Tienes miedo de defenderte: has vivido tanto tiempo bajo esta coerción que creces con el temor de siquiera dirigirle la mirada pues si lo haces de forma “incorrecta” puedes llegar a ser castigado. Esto te lleva a preferir callar en lugar de defenderte.

La Buena noticia es que, si te has dado cuenta que es tu caso, tiene solución. Reconocerlo es el primer y más importante paso, buscar ayuda es lo que sigue. Así que rompe el patrón y sana tus heridas para que puedas liberarte de ese yugo y comenzar realmente a vivir una vida plena.

Comentarios aqui: