Las cosas me van a lastimar tanto como yo permita que me lastimen

Debemos buscar la forma en que no nos lastime o afecte todo lo que nos rodea. No es convertirse en alguien sin sentimientos, sino en poner barreras. ¡Usa tu paraguas!

 

Como somos permeables, a unos le afectan más una cosa que otros. A diario deberíamos aplicar la famosa expresión de “ser y dejar ser”, o “vive y deja vivir”. Pero lo que encontramos muchas veces es la otra versión: “yo soy y no te dejo ser”.

Si permites que las situaciones negativas te afecten hasta el punto de cambiar tu humor y la forma de ver la vida, perderás muchas cosas.

No te hagas prisionero de mentes cuadradas, ni te dejes controlar por cosas que no valen la pena. Sé libre de quien te trae molestias cuando quieres calma.

Las emociones son contagiosas: ¡abre tu paraguas y cúbrete!

Al inicio mencionamos la permeabilidad. Ese fenómeno donde recibimos de los demás una carga emocional que cambia nuestro estado de ánimo. Algo tan común como peligroso.

El comportamiento de unos golpea sobre otros para bien o para mal. Y ese “virus” emocional, en vez de detenerse, llega a más personas. Para entenderlo, te pondremos un ejemplo:

Tienes el clásico amigo quisquilloso. Sus críticas, su negatividad y su falta de respeto incide sobre ti y te genera mal humor. Ese mal humor lo llevas a casa y contagias a tu familia con tu malestar.

No es que las cosas no nos afecten. Es algo imposible. Hablamos de cambiar el polo de esa energía negativa. Buscar el equilibrio y tener presente que, si  algo te afecta mucho, pierdes calidad de vida.

Tu castillo de calma

Escondido en tu cerebro, tienes un castillo de calma. Mayor por dentro que por fuera, y es un refugio magnífico donde hallar armonía.

Permite que el hablador hable. Deja que el criticón se envenene con su propio veneno.

Permite que el desordenado se pierda en su caos.

Retírate de quien te trae amarguras.

Cálmate cuando alguien te use para sus críticas porque no tiene más nada que hacer.

OJO: Ese castillo de calma no es un escondite. Es un lugar donde recordar  QUIÉN ERES. Olvídate de las ofensas y las críticas, solo son ruido ambiental. Si tienes claro quién eres y lo que vales, lo que hablen los demás no importa.

Afrontaré con dignidad las cosas que me afecten.

Cuando abrimos nuestros paraguas emocionales para esquivar que algunas cosas nos afecten no nos hace pasivos. Mantener la calma es un modo de no intensificar situaciones ante las cuales no hay necesidad de perder el tiempo. Por ejemplo, las discusiones. A veces es imposible dialogar con alguien porque no razona. Lo que hace imposible comunicar sin gritar o buscar tener siempre la razón.

Hay batallas que es mejor no lidiar. La Biblia dice: “Sin leña se apaga el fuego, y sin chismes se acaba el pleito”, Proverbios 26:20.

Lo mejor es mantener la mente fría y, si nos sentimos vulnerables, reaccionar y poner límites de una vez.

Si no lo hacemos, ganan más terreno y continúan en su asedio. Hablar con firmeza y asertividad no es agredir, es proteger nuestros derechos.

Debemos hacerlo con respeto, pero colocando barreras.

Para terminar, sabemos que convivir no es fácil, pero quien elige ver la vida a través del respeto, dignidad y armonía, evita dar importancia a ciertos aspectos.

La gente como quiera dice y hace cosas, y eliges si te afectan o no.

” Antes bien, examinadlo todo cuidadosamente, retened lo bueno;  absteneos de toda forma de mal”. 1 Tesalonicenses 5:21-22

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