Heridas emocionales en la niñez. Mira cómo sanarlas

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Con frecuencia, las heridas emocionales de la niñez pueden inferir en la adultez tal y como si se acabasen de ocurrir. En consecuencia, es de máxima importancia asistir a nuestros hijos a gestionar sus sentimientos de manera eficiente.

Aunque creas que no se puede o que es difícil, científicos han confirmado que el ser humano tiene una idea cada 10 segundos, por lo que tú puedes tener control de tus pensamientos. Esto es algo que debes enseñarle a tu niño desde pequeño.

Ahora bien, todo padre debe tomar en consideración que esto se trata de un trabajo en equipo. Es decir, no solo eres un apoyo y guía durante su desarrollo y durante todo el tiempo que estés en este mundo, sino que también debes saber educar con amor y estar consciente de que, este es un proceso de aprendizaje mutuo, y en el que ellos mismos reaprenden.

Ningún humano nace sabiendo y mucho menos en lo referente a de qué manera debe portarse, reaccionar, sentir y meditar. Por tanto, debes tener paciencia con los hijos y valerse apropiadamente de la inteligencia emocional para asistirles a edificar su carácter. En otras palabras, en cuestiones de emociones o sentimientos nadie tiene la última palabra. Debes enseñar a tu niño o niña a estar dispuesto a crecer, a asumir los cambios con buen ánimo y buscar siempre ser mejores personas.

Las 7 heridas emocionales más frecuentes y que más duelen

La ansiedad de separación

El miedo a ser separado de sus padres o miedo a sentirse solo y abandonado a lo largo de la infancia forma a un adulto miedoso, tímido, carente de aprecio, y, por tanto, inseguro y manipulable

La injusticia

El ser víctima de demandas injustas o bien de reprensiones no acordes con sus faltas hace que un pequeño crezca inseguro, desconfiado de todos y todo. En la adultez puede transformarse en alguien fatalista y negativo que, asimismo, opta por criticar de forma desaforada a quienes le rodean.

El temor al rechazo

El temor al rechazo ya sea infundado o no, puede deberse a varias razones: el temor al rechazo social, a perder la protección de la figura de apego, entre otros muchos factores.

El pequeño que tiene temor al rechazo, y crece con esto, se transforma en una persona de baja autoestima, poco amor propio, que sacrifica sus creencias para adoptar los criterios del resto.

La degradación

Ser humillado lo mismo en el plano familiar que social es cuando sus familiares o bien compañeros minimizan sus cualidades y se burlan de ellas. Lo critican y lo rechazan, dando como resultado a un ser humano tímido y sufrido o un tirano despiadado.

La traición

Cuando los adultos no cumplen las promesas que le hacen y sus esperanzas no se transforman en realidad, el niño en cuestión puede concluir siendo alguien desconfiado y poco sociable.

La carencia de aprecio

Esta es una de las heridas emocionales que más daño hace. Quien crece con falta de aprecio está condicionado a ser infeliz. Se sabe que el aprecio es tan necesario como el pan de cada día, el aseo o tratar las enfermedades. Esto es porque el cerebro, así como el resto del cuerpo, precisa ser estimulado.

Cuando los niños están falta de aprecio son más frágiles a contraer enfermedades de todo tipo. Incluso, perciben un retraso en su desarrollo físico, tienen trastornos de comportamiento; están muy estresados y tienen mucha dificultad para relacionarse.

La carencia de aprecio en la niñez es una de las heridas sensibles que se arrastra y se complica en la edad adulta. El resultado: adultos fríos, indiferentes, con baja empatía y serios problemas para sentir amor por los demás.

El abandono emocional cuando el niño es aún muy pequeño es otra de las heridas emocionales que, aunque no quieras llega hasta la adultez. Los hombres y mujeres que desde pequeños se vieron privados de la proximidad de sus progenitores crecen sintiéndose vacíos y poco apreciados. Sin embargo, el abandono emocional ocurre aun cuando los padres están cerca. Por ejemplo: padres que trabajan muchas horas lejos de casa, o padres distantes que se mantienen alejados física y espiritualmente.

¿De qué forma podemos evitar ocasionar heridas emocionales a mi hijo?

Sigue estos consejos:

-Consagrar más tiempo a su crianza, atendiéndolo de manera directa todas las horas que puedas y no delegando su formación a terceros.

-Hablar sobre temas que resulten de interés. Este sería un buen momento para discutir sus puntos de vista y solucionar sus dudas.

-Jamás compares a tus hijos.

– Tratar sus temores y no minimizarlos.

-Premiarlo, loarlo, resaltar sus cualidades y aplaudir sus logros. De este modo vas a levantar su autoestima.

-Prestar tiempo y en todo caso solicitar ayuda especializada para tratar temas como la muerte de familiares, el divorcio de los padres, su timidez, su origen (adopción), entre otras muchas.

Esperamos que estos consejos te ayuden a minimizar al máximo algún daño emocional que sin querer podrías causarles a tus hijos. Si tienes algo que agregar, deja un comentario y lo agregaremos. Este tema es de gran importancia para todos, pues somos responsables de formar los adultos del futuro.