Conoce a la vaquita que se cree perro

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Días tras la llegada del huracán Harvey al sudeste de Texas, la casa de Tammy y Ren Cantón estaba en su máxima capacidad, pues dos familias ya se estaban refugiando allá junto a sus 8 perros.

Pese a que no les quedaba espacio, la familia no pudo decir que no a la llegada de otro refugiado, Harveigh, un ternero que nació antes de que Harvey causara estragos en la comunidad. Mas la extensión de diez acres de los Cantones en Fulshear ya era el hogar de sus 7 perros, vaquillas y otros animales de granja. Entonces, ¿qué diferencia hará uno más?

La madre había rechazado a su cría, por lo que Los Cantones se volvieron su familia.

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El ternero, apodado Harveigh, era exageradamente enclenque y dudaron de inmediato de que pudiera sobrevivir, por lo que le dieron la oportunidad de pelear por su vida. Al llevarlo a la casa, envolvieron un Harveigh en mantas, y Ren salió a adquirir una fórmula de leche para nutrirla. El pequeño becerro empezó a tomar la leche con un enorme chupón, y de esta manera empezó su vida en la casa.

“Las pocas vacas que tenemos en nuestra propiedad son vaquillas viejas y su descendencia”, afirmó Tammy. Mas criar a una recién nacida “fue una experiencia completamente nueva para mí”.

A lo largo de las primeras semanas, Harveigh pasó sus días merodeando por la casa y con los perros, divirtiéndose tanto que ahora prefiere la compañía de los perros que la de las vacas. Y ha desarrollado un cariño singular con Sealy, un pit bull, quien alegremente “asumió la responsabilidad de cuidar al ternero” y es su madre substituta, afirma Tammy.

“No creo que ella se considere una vaca. Es más, creo que es solo un perro grande. En honor a la verdad, no creo que Harveigh se vea diferente de los perros”, comenta.

Esta traviesa vaquilla no se lleva bien con su familia de verdad

Harveigh ya tiene prácticamente 6 meses. Los Cantones le están presentando de forma lenta a las otras vaquillas a fin de que se sienta más cómoda con ellas y quizá haga ciertos amigos. Mas mientras, han construido un “condominio de vacas” justo afuera de la casa donde puede comer, tomar y estirarse de manera cómoda.

La vaquilla prefiere la vida a la que se ha habituado, salir con la familia, jugar con los perros y, lógicamente, la hora de la merienda. Los Cantones saben que el ajuste es bastante difícil, mas es preciso dadas las circunstancias. así que, prosiguen apreciando el tiempo que pasan con este dulce y afable ternero, que “literalmente va a apoyar su cabeza en mi regazo y va a estar en paz”, afirma Tammy.

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